¿Son las recaídas en adicciones «parte del proceso» de tratamiento?

Una recaída ocurre cuando alguien vuelve a consumir cierta sustancia adictiva, mientras se encuentra manteniendo un período de abstinencia. En un tratamiento de adicciones, muchas veces se tiene la idea de que “las recaídas son parte del proceso”. Esta es una afirmación que vale la pena pensar y cuestionar desde la experiencia clínica.

Abstinencia sin recaídas: Un objetivo realizable

Asumir desde el principio y ciegamente las “recaídas como parte propia del proceso” puede llevar a malentendidos dentro del tratamiento. Pues, los pacientes y sus cercanos podrían llegar a percibir las recaídas como algo esperable de ocurrir y una puerta siempre abierta al “desliz” de consumir nuevamente. Así, transmitir esta idea podría interferir con la recuperación del control propio sobre el consumo, objetivo buscado cuando se decide mantener abstinencia. Más bien, si se pretende dejar de consumir, resulta más conveniente situar una abstinencia sin recaídas como meta terapéutica totalmente posible y realista.

Sobre lo anterior, se debe considerar lo que se observa en el contexto psicoterapéutico de adicciones. En general, los manuales de psiquiatría y la visión médica de la adicción a drogas, describen los síndromes de abstinencia como una intolerable sintomatología física. En algunos casos graves, efectivamente pueden desencadenarse malestar físico e irrefrenables deseos de consumir. Sin embargo, gran parte de las veces esto no ocurre así. No suelen haber grandes dificultades ni síntomas insoportables en los pacientes que desean dejar el consumo, tras haber desarrollado una adicción o relación problemática con cierta sustancia.

Más bien, al poco tiempo estos comienzan a reportar los múltiples beneficios de la decisión de abstinencia, pudiendo sostenerla muy factiblemente. Además, esto se beneficia aún más con el apoyo de terceros significativos. Ya que, si en la terapia se logra instalar apertura en que los pacientes puedan hablar del tema y comunicar a sus cercanos cuando tienen deseos de consumir, la situación se alivia bastante. Por lo tanto, las consecuencias de dejar el consumo no llegan a justificar que las recaídas sean siempre esperables.

Las recaídas en adicciones podrían ser parte del proceso…

Ahora bien, por otro lado, en ocasiones sí es posible que las recaídas sean parte del tratamiento. O sea, recaer puede no implicar necesariamente un retroceso o quiebre definitivo respecto a la terapia. Esto se ha visto, especialmente, en un contexto terapéutico en el que se generen acuerdos conjuntos sobre la abstinencia y se involucre la participación activa de personas cercanas al paciente. En este marco, haber sufrido una recaída puede llegar incluso a tener un efecto positivo en la decisión de entrar y mantener un tratamiento. Pues, para varios pacientes y sus familiares, resulta como una clara muestra de que efectivamente se ha perdido cierto control para relacionarse con una sustancia adictiva. Y, lógicamente, este convencimiento cobra más fuerza si se ha planteado una abstinencia sin recaídas desde el principio como acuerdo posible, lo cual no se fue capaz de sostener. Así, recaer tras haber intentado reducir el consumo a cero, puede ser parte del proceso de tratamiento, aumentando la motivación a tratarse.

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