¿Cómo se presenta una adicción?: Desmitificando el concepto

Muchas veces, se tiene una imagen estereotipada sobre el cómo se presenta una adicción. Ésta se piensa como un cuadro definido por síntomas agudos de craving y abstinencia. Es decir, se concibe al adicto como quien padece de grave malestar físico y ansiedad intensa si no puede acceder a un consumo constante.

Sin embargo, en la experiencia clínica, esto no se suele presentar así. Hoy, existe acuerdo en dejar de definir la adicción con el énfasis principal en los cambios fisiológicos del síndrome de abstinencia. De hecho, en los manuales de psiquiatría actuales, el desarrollo de tolerancia y síndrome de abstinencia ya no son considerados imprescindibles. Estos criterios médicos, tradicionalmente relevantes, dejan de ser condición para el diagnóstico de una adicción. Claramente, estos sí podrían presentarse en casos de cierta gravedad. Pero, existe la posibilidad de una “dependencia a sustancias”, sin dependencia fisiológica propiamente tal.

Cómo se presenta una adicción: «Falta de control relativa»

Más bien, el foco actual está en la pérdida de control que provoca el consumo de sustancias. La adicción se define, entonces, como una “falta de control relativa” sobre la conducta del consumo. Es “relativa” en el sentido de no ser continua. O sea, la persona puede, gran parte de las veces, decidir no consumir o consumir en pequeñas cantidades. Esta “relatividad” puede dificultar el diagnóstico y al mismo tiempo desconcertar a los cercanos que interactúan con el consumidor. Pues, en ciertos momentos la persona aparece como “libre” para controlar el consumo. Así, en buena medida, podría mantener su funcionamiento diario en términos personales, familiares, sociales, laborales, etc. Esto puede llevar a minimizar los efectos de la relación con la sustancia.

Sin embargo, la compulsión a consumir la sustancia vuelve a irrumpir, más allá de la voluntad propia. En ciertos momentos, se hace evidente la pérdida de dominio en la relación con la droga, su cantidad, frecuencia y/o detención del consumo. Así, la persona puede tener dificultades a mediano y largo plazo para dejar de consumir. Y, seguir haciéndolo a pesar de las consecuencias negativas que se manifiestan en ciertas áreas de su vida. Estas consecuencias no son exclusivas de un consumo diario ni síntomas fisiológicos, sino que son dadas por esta relación de pérdida de control sobre la sustancia.

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