Alcoholismo intermitente. ¿Cuánto bebe un alcohólico?

A fines de la década del 1950 e inicios de los 60’s, se generaron diversas conceptualizaciones sobre la adicción al alcohol. Una distinción clásica refiere a dos tipos: alcoholismo inveterado y alcoholismo intermitente. Aunque con el paso del tiempo ya no son tan protagonistas de nombre, estas son ideas clásicas que hasta la actualidad son muy útiles para comprender el fenómeno de las formas de beber. La experiencia clínica en el tratamiento de adicciones muestra su clara vigencia e importancia terapéutica. Como definición general, una adicción se caracteriza por una pérdida relativa de libertad respecto al consumo (en este caso, de alcohol).

ALCOHOLISMO INVETERADO

Este cuadro define un tipo de consumo constante en la vida diaria. Generalmente, conlleva un proceso de aumento de la frecuencia de consumo. La persona no necesariamente llega a embriagarse o mostrar conductas muy extravagantes bajo los efectos del alcohol. Pero, sí se mantiene una ingesta de lictor continua, la mayoría de los días. Por lo tanto, se perpetúa una concentración elevada de alcohol en la sangre. Muchas veces, esta es la imagen más popular respecto a quien ha desarrollado una adicción: “alcohólico es quien bebe todos los días”.

ALCOHOLISMO INTERMITENTE

El alcoholismo intermitente consiste en un consumo ocasional, con momentos donde se evidencia una incapacidad de controlar o detener la ingesta de alcohol. A diferencia del inveterado, este tipo se caracteriza por la alternancia de períodos de bebida, con otros de abstinencia. De allí su apellido de “intermitente”. De hecho, ocurre que la mayoría del tiempo la persona se encuentra sin consumir. Pero cuando lo hace, la forma de beber da cuenta de la pérdida de libertad que define una adicción.  

Además, se ha establecido que el alcoholismo mixto sería un subtipo que combina ambas modalidades de consumo.

¿Qué se observa en la experiencia clínica?

Muchas personas llegan a consultar por problemas con consumo de alcohol, por sí mismos o por familiares que muestran una situación preocupante. Lo que realmente se observa en el contexto terapéutico, es que la mayoría de los casos corresponden a un tipo de alcoholismo intermitente. Es decir, un cuadro donde sólo se consume una vez a la semana o al mes, pero en ese momento existe una importante pérdida de control respecto al beber. Además, estos episodios de intoxicación alcohólica se repiten periódicamente en el tiempo. Siendo así, para la persona y sus cercanos se generan distintos problemas en su vida a partir de estos eventos, ya sea en el área familiar, social, laboral o de salud.

Esto sucede especialmente en Chile, donde se ha observado que el patrón de consumo de la población se concentra en grandes cantidades en sólo 1,6 días a la semana. En términos de salud, este es el tipo de consumo más riesgoso. Así, se vuelve muy relevante desmitificar la idea del “alcohólico que bebe todos los días”. Pues, muchas veces esta imagen estereotípica impide o retrasa que la persona y sus cercanos, quienes efectivamente están preocupados por la situación, den los primeros pasos a consultar por tratamiento de adicciones. Incluso, se observa que no es necesaria la motivación inicial o “conciencia de enfermedad” por parte del paciente, ya que esto es algo que se va generando con el tiempo luego de entrar en un contexto terapéutica.

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