Adicción al azúcar: ¿Es realmente una adicción?

El azúcar se encuentra de manera natural en frutas, verduras y frutos secos. Estos alimentos son llamados “azúcares buenos”, pues contienen nutrientes necesarios para el organismo, como fibra y vitaminas. Pero el azúcar también se añade de forma procesada en alimentos denominados “azúcares malos”. Estos son masas dulces, gaseosas, galletas, ketchup, alcohol, cereales, jugos azucarados, etc. Así, muchos otros que encontramos en tiendas y supermercados. El cuerpo no requeriría estos últimos y su aporte se basa en “calorías vacías”. Es decir, pueden aportar muchas calorías, pero sin entregar ni nutrientes ni beneficios para el organismo. Y pues, estos azúcares malos podrían generar una adicción al azúcar.

ADICCIÓN AL AZÚCAR, TOLERANCIA Y ABSTINENCIA

En los últimos años se ha ido generando un consenso respecto a que el azúcar procesada se comporta como cualquier otra droga en el cuerpo. Por ende, puede implicar una adicción si su consumo es continuado. Aunque popularmente no es tan entendida como tal, en realidad la población padece bastante de esta dependencia. Aquello, especialmente por los hábitos alimenticios de la sociedad moderna.

Al ingerir azúcar, el cerebro libera dopamina, neurotransmisor asociado al placer. Es un estímulo veloz de satisfacción y animosidad. Pero este impulso energético tendería a ser seguido por una baja de energía y síntomas depresores, en distintos momentos del día. Además, la adicción promueve tolerancia, siendo cada vez más difícil obtener placer con las mismas cantidades de azúcar. Asimismo, se sufren síntomas típicos de abstinencia al intentar dejar los alimentos azucarados. O sea, irritabilidad, angustia, dolores de cabeza, falta de concentración, dificultad para levantarse, etc.

SÍNDROME METABÓLICO: LOS RIESGOS DE LA DEPENDENCIA

Se utiliza el término Síndrome Metabólico para denominar un conjunto de enfermedades vinculadas a esta clase de adicción. En términos generales, el cuerpo almacena dichos alimentos en forma de glucosa en el cuerpo. Muchas veces el organismo no es capaz de ocupar ésta efectivamente, por ejemplo, debido a hábitos sedentarios. Esto promueve la acumulación progresiva de grasa y resistencia a la insulina. Siendo así, se incrementa bastante el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2, desrregulación del colesterol, daño hepático y renal, hipertensión, dislipemia, aterosclerosis y distintas enfermedades cardiovasculares.

¿QUÉ HACER?: PREVENCIÓN Y HÁBITOS

En primer lugar, la Organización Mundial de la Salud propone una dosis de ingesta diaria: no más del 10% de las calorías diarias (200 de 2000 calorías como estándar). Esto sería un máximo de 50 gramos de azúcares procesados (un poco más de 3 cucharadas). Sin embargo, para obtener beneficios adicionales, la OMS recomienda idealmente no consumir más de 25 gramos diarios. A modo de referencia, sólo una lata de gaseosa puede llegar a tener 40 gr. de este azúcar. Una bebida energética tendría 60 gr.

Ciertamente, se sugiere prestar atención a la información nutricional de los alimentos procesados. Así, reducir el consumo de los más azucarados y altos en grasas saturadas. También se propone no endulzar en demasía líquidos como el té o café, para des-acostumbrarse a los sabores dulces. La dieta debería ser balanceada y rica en vegetales verdes, frutas, fibras, proteínas (legumbres, huevo), masas integrales (no harinas blancas) y grasas saludables (palta, aceite de oliva o semillas). Estos disminuyen el nivel de glucemia y favorecen el metabolismo y digestión. Al reducir progresivamente el consumo de azúcares malos, el cuerpo iría estabilizándose y necesitando cada vez menos de ellos.

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